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  2. LA POESÍA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII    
 
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Siglo XVII: el barroco

En el siglo XVII se desarrolla el movimiento cultural y artístico llamado Barroco, marcado por una visión pesimista de la vida que es consecuencia de una profunda crisis económica y social, así como el desengaño de los ideales humanistas del Renacimiento. Se produce una evolución de los gustos estéticos, alejándose ahora de los modelos clásicos, rompiendo con las normas establecidas y buscando nuevos causes de expresión.

La poesía del siglo XVII es una poesía barroca, caracterizada por un estilo recargado y oscuro. Los poetas canarios destacados son los palmeros Juan Bautista Poggio y Pedro Álvarez de Lugo. También, Fray Marcos Alayón y Fray Andrés de Abreu, considerado el mejor cultivador de la estética barroca en las Islas.

FRAY ANDRÉS DE ABREU (La Orotava, Tenerife,  1647 – 1725) Ordenado sacerdote en 1666, Fray Andrés de Abreu ostentará altos cargos en la jerarquía eclesiástica del Archipiélago, convirtiéndose así en un respetado y notable personaje de las Islas. Su aportación máxima a la poesía barroca es la célebre Vida del Serafín en carne y vera efigies de Cristo, San Francisco de Asís (Madrid, 1692) donde a fuerza de metáfora se van sucediendo imágenes que ilustran, sin posibilidad para un lenguaje sencillo, las escenas de San Francisco en su periplo hacia la Santidad. Escrita en octosílabos, la obra, con más de tres mil versos, va entretejiendo una disertación de aparente recaída, que es asediada constantemente por la aparición de la metáfora.

Fray Andrés de Abreu relata, a fuerza de metáfora, y en una sucesión de imágenes, el periplo hacia la santidad de San Francisco de Asís.  

Con Vida del venerable siervo de Dios Fray Juan de Jesús (Madrid, 1701) y Novedades antiguas (inédita y manuscrita) pone Fray Andrés de Abreu su prosa al servicio de la defensa y exaltación de los testimonios de fe. En la primera, relata la vida y logros de un fraile natural de Icod de los Vinos a quien cree merecedor de beatificación. Acompaña el texto de testimonios y testigos que aprueban la veracidad de los hechos. En la segunda, se centra en la defensa de la palabra de sor María de Ágreda, a su vez autora de un libro en el que transcribe las revelaciones que la propia Virgen María le ha comunicado.

JUAN BAUTISTA POGGIO (Santa Cruz de La Palma, 1632 – 1707) La obra poética de Juan Bautista Poggio recorre el soneto, el romance, las quintillas, décimas y coplas, que presentan variados temas: moralistas, religiosos, amorosos, de circunstancia, laudatorios e incluso satíricos. Sin que prevalezca uno sobre otro. Pertenece al denominado Grupo de La Palma junto a autores como Álvarez de Lugo y Pinto de Guisla.

La obra teatral de Poggio supuso una gran impulsión de la fiesta de la Bajada de la Virgen en la capital palmera, ya que desde entonces, sus loas marinas, se representan en tal emblemática fiesta.

Ordenado sacerdote en 1688, a Poggio debemos una obra dramática importante que supuso además la impulsión de una celebración que desde entonces viene celebrándose en la isla de La Palma. La producción teatral de Poggio afecta directamente al Corpus Christi y a la Bajada de la Virgen de las Nieves, ya que desde 1680, año fundacional de la Bajada de la Virgen, hasta dos años antes de su muerte, Poggio compuso todas las loas marianas que se representaron por entonces. Entre ellas destacan títulos como El Pregón (1690), El Ciudadano y el Pastor (1696) y La Nave (1705). Por su intensa labor en el campo teatral y la alta calidad de sus obras recibió de parte de Viera y Clavijo el nombramiento de ’Calderón canario’.

Pedro Álvarez de Lugo y Usodemar (Santa Cruz de La Palma, 1628 – 1706) Hijo de Francisco Álvarez de Figueroa y María Pérez de Lugo Usodemar. Estudió Derecho en Alcalá de Henares y posteriormente fue abogado de la Real Audiencia de Canarias. También cultivó la pintura y la escultura. Entre sus obras destacan: Vigilias del sueño (1664) y Convalecencia del alma (1689).

Juan Pinto de Guisla (Santa cruz de La Palma, 1631 - 1695) Beneficiado de la Parroquia de El Salvador, Consultor y Calificador del Santo Oficio de la Inquisición y Visitador General de la Isla de La Palma. Sus crónicas abarcan diversos hechos acontecidos en La Palma como la Bajada de la Virgen, la erupción del volcán de San Antonio o la creación de la Cofradía de San Pedro y la descripción de obras de arte como la talla de San Pedro Apóstol en Cátedra o El Galeón de San Telmo.

Diego Ramos del Castillo (Tenerife) Pese a que tan sólo conocemos su nombre y su oficio de licenciado y la obra de este autor abarca escasamente unas Quintillas a la Rosa de Santa María y tres autos sacramentales, la inclusión de este autor en una antología de Madrid de 1675 lo convirtieron en uno de los autores canarios más leídos de su época.

FRAY MARCOS ALAYÓN (Icod de los Vinos, ? – Tenerife, 1761) Agustino. Su obra en el campo teatral protagoniza uno de los capítulos más importantes en la historia del teatro isleño. Tengamos en cuenta que es un autor que se encuentra a medio camino entre el Barroco y la Ilustración. Sin embargo, su entrega poética también es relevante, sobre todo el título Las elegías en octavas rimas a la gran quema de Garachico en la noche de San José de 1697. Además, escribió Paráfrasis del salmo cincuenta en verso castellano, composiciones a su buen amigo el Vizconde de Buen Paso y un Te Déum laudamus, que se conserva manuscrito en la Universidad de La Laguna. Falleció en la ancianidad en el convento del Realejo.

Garachico, en Tenerife, fue inspiración para Fray Marcos Alayón, en su obra ‘octavas rimas a la gran quema de Garachico en la noche de San José de 1697’. (DM)
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