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LAS DANZAS POPULARES DE LAS ISLAS CANARIAS

Extraemos de Lothar Siemens lo relacionado con las danzas en Canarias. Considera dos tipos de danzas, una, en rueda y, la otra, dos filas enfrentadas. «La primera solía ejecutarse alrededor de un símbolo religioso (un montón de piedras, una roca determinada, un atributo de madera...). La segunda, a veces, se bailaba durante las bodas, llevando los danzantes en sus manos ciertas varas pintadas, con las que hacían bellos y difíciles ademanes, pero lo más corriente era una versión cuyas acrobacias consistían en saltos menudos y graciosos zapateados, en la que los aborígenes mostraban una gran habilidad que impresionó mucho a los españoles. Esta versión de la danza festiva fue acogida por los conquistadores y se hizo pronto famosa, primero en España y luego en toda Europa, en donde también fue popularmente adoptada, perviviendo después en los medios cortesanos hasta avanzado el siglo XVIII bajo el ancestral y originario nombre de «EI canario».

Hoy en día la esencia de esta primitiva danza se conserva en el baile llamado «el sirinoque» que se practica en la isla de La Palma, si bien hay que observar que mezclado con él, conviven otros elementos ajenos, como el toque de cierta flautilla de pico y el juego de las «relaciones».

Hay danzas antiguas de tipo rural como el tango. «Consiste el tango herreño en una danza amorosa entre tres parejas de hombres y mujeres ataviadas con una indumentaria que bien recuerda a la del Ribatejo portugués y a la de nuestra Extremadura, en la que el vigoroso repique de las castañuelas de los tres danzantes masculinos y sus enérgicas vueltas saltos y mudanzas contrastan con las finas y delicadas contorsiones y vaivenes de las bailarinas que se les enfrentan.»

«Más curioso todavía es el llamado baile del vivo, también propio de la isla de El Hierro. Se trata de la única danza pantomímica que se conoce en el Archipiélago. Un baile de parecidas gesticulaciones femeninas se conserva entre los judíos sefarditas de Tetuán, y el baile‑juego del sombrero ha llegado hasta ciertos pueblecitos de los Andes, lo que demuestra la larga andadura de esta remota danza hispana, que ha pasado al corazón de América a través de Canarias.»

En determinados sitios de Tenerife, Gran Canaria y Fuerteventura perdura aún el recuerdo de cierta danza ocultista, primitivamente relacionada con prácticas brujeriles, llamado el baile del gorgojo. Esta danza se bailaba de noche en lugares apartados, en cuclillas y dando saltos y algunas veces aparecían los danzantes completamente desnudos. Sin relación aparente con este baile obsceno se practicó también hasta principios de este siglo, en el sur de Gran Canaria, una danza fálica llamada el baile del pámpano roto, cuyo recuerdo sigue muy vivo todavía entre los habitantes del barranco de Guayadeque. Era éste un baile de dos filas enfrentadas de hombres y mujeres en el que se intentaba atravesar, en evoluciones propias de las llamadas «danzas de requerimiento y rechazo» (como lo era también el primitivo canario), una enorme hoja de ñamera que llevaban las mujeres colgada de la cintura a modo de delantal, constituyendo el hacerlo (acción absolutamente optativa para el hombre) un compromiso matrimonial ineludible.

Otro baile de filas enfrentadas de hombres y mujeres que ha llegado con gran pujanza hasta nuestros días en la isla de La Gomera es el baile del tambor, también llamado tajaraste gomero.

Baile del tambor: ritmo monótono de gran sabor ancestral. P.F.

El tajaraste consiste, efectivamente, en un baile ejecutado sobre un corto esquema rítmico muy característico, cuya estructura es bien conocida en relación con los antiguos ritmos populares de tambor y, en particular, con el de una popular danza barroca europea llamada precisamente «le tambourin». De qué forma llegó esta conocida danza a Canarias y fue adoptada por el pueblo es algo todavía por investigarse. Lo cierto es que sobre el mismo ritmo gomero se baila hoy el tajaraste en Tenerife, si bien no se trata aquí ya de una danza de filas enfrentadas, sino en rueda, caracterizándose por los saltos que dan los bailadores, no sólo hacia adelante, sino especialmente hacia atrás y apiñándose en dirección al punto central de la rueda.

En otro orden de cosas, hay que dejar constancia de la supervivencia en la isla de La Palma de una de las más bellas danzas agrícolas que conocemos: el baile del trigo. Se trata de un juego que recuerda todas las operaciones que hay que realizar con este cereal, desde sembrarlo hasta comerlo en forma de pan. Otra danza agrícola que se practica en Lanzarote es la saranda, que se baila manipulando enormes aperos propios de aventar y recoger también el trigo,  pero que es, al parecer, un invento coreográfico reciente.

Todas estas danzas se practicaban ya en Canarias muy probablemente antes del siglo XVIII. A partir de este siglo, es cuando fandangos, jotas, seguidillas y otros géneros se asientan en todas partes y cómo no, llegan también a Canarias. De esa época data el folklore canario que se practica en todas las islas.

Las folías populares de Canarias constituyen una jota musical de inusitado interés. Son una fiel versión del antiquísimo complejo formado por melodía y bajo acompañante que desde fines del siglo XVI era conocido ya en toda Europa bajo el nombre de «Folías de España». Esta danza cortesana debió extenderse entre el pueblo canario bastante después del año 1700, y como género musical descendido de cultas esferas, conserva un sello pomposo que viene dado principalmente por las evoluciones armónicas propias de su «basso ostinato» que el pueblo ha sabido conservar con gran fidelidad. Se bailan las folías muy delicadamente, con maneras cortesanas, y conservan, como elemento más característico de la danza, la antigua tradición del cambio de pareja por parte de la mujer, la cual retorna a la postre a bailar con su primer acompañante.

Una variante más popular y tardía de estas folías, si bien llegada a Canarias por otros derroteros no tan cultos, es la que se conoce con el nombre de la malagueña. El baile de la malagueña, también parsimonioso, observa en Canarias la característica de contraponer al grupo de bailadores unos episodios solistas, protagonizados por un hombre y dos mujeres, los cuales realizan un rico repertorio de evoluciones coreográficas verdaderamente atractivas.

En los últimos tiempos han proliferado las romerías y los bailes de magos. C.T.

Las seguidillas también arraigaron en el Archipiélago durante el siglo XVIII en muy variadas formas. Existe una versión de baile muy dinámica y colorista, propia de las islas orientales, que se conoce por seguidillas corridas. Otra versión es la de las saltonas, caracterizadas porque los cantantes se alternan pisándose las estrofas que cantan («seguidillas robadas»).

También el llamado tanguillo es un tipo de seguidillas caracterizado por un período melódico más amplio, en el que el texto cantado se extiende en reiteraciones de ciertas palabras. Digamos por último, que una de las versiones más bonitas de seguidillas de cuantas se danzan en las islas es la del llamado baile de la cunita, danza navideña del pueblo de Guía, Gran Canaria.

Todos estos bailes son «sueltos». Ahora bien: el baile suelto por excelencia que, por su alegría y vistosidad, constituye una pieza obligada en todos los grupos de danza del Archipiélago es la isa. «Isa» es una palabra proveniente del baile asturiano y significa «¡salta!». En realidad, la isa sólo es una versión canaria de la «jota» peninsular, tanto por su música como por su coreografía, pero no cabe duda de que en las islas ha adquirido un sello dulzón y nostálgico que la diferencia y embellece.

Las más tardías incorporaciones datan del siglo XIX. Se trata de un grupo de bailes sueltos y alegres, de origen centroeuropeo, tal como la polca, la mazurca y la berlina.



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