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ARQUITECTURA RELIGIOSA*

ARTE, RELIGIÓN Y MITOLOGÍA EN LA ERA PREHISPÁNICA

LOS EFEQUENES

Los cronistas-historiadores Abreu Galindo y Leonardo Torriani, al referirse a las manifestaciones religiosas de los habitantes de Lanzarote y Fuerteventura aluden a la existencia de lugares conocidos como efequenes —término que responde a una denominación propia de la lengua antigua de Fuerteventura y que se conoce con distintas grafías, como fquen o efequen, entre otros—. Se trataba de sitios destinados a la celebración de cultos y rituales, y que el cronista Abreu Galindo denominó casas particulares, en donde:

[…] se congregaban [y] hacían sus devociones, que llamaban efequenes, las cuales eran redondas y de dos paredes de piedra; y entre pared y pared, hueco. Tenía entrada por donde se servía aquella concavidad. Eran muy fuertes, y las entradas pequeñas. Allí ofrecían leche y manteca. No pagaban diezmo, ni sabían qué cosa era.

Resulta de mucho interés asimismo la descripción aportada por Leonardo Torriani, al añadir que en ellos se adoraba:

[…] un ídolo de forma humana, pero no se sabe quién era. Lo tenían en una casa como templo, donde hacían congregación, la cual estaba rodeada por dos paredes, que entre sí formaban un pasillo, con dos pequeñas puertas, una fuera y la otra en medio; y allí, como en un laberinto, entraban a sacrificar leche y manteca.

En las crónicas más antiguas, como Le Canarien no hemos encontrado, sin embargo, ningún dato preciso referido a los sitios sagrados de estas dos islas. Para Lanzarote sólo se conserva una vaga referencia a un lugar impreciso, en donde debía celebrarse una entrevista entre Gadifer de la Salle y Jean de Bethencourt, con Guadarfía, el jefe de la isla, diciendo que concertaron que el rey del lugar acudiría a entrevistarse con el señor de Béthencourt en cierto sitio. Se trata de una información tan genérica que nada es posible deducir de ella, aunque hemos de suponer sería alguno de los lugares señalados, que junto a sus posibles funciones religiosas, serviría para la reunión y concentración de sus habitantes en donde realizarían sus ritos y celebraciones comunitarias, ya fuesen de carácter social o religioso. En el caso de Fuerteventura la información es igualmente vaga en la crónica, de la que poco o nada podemos deducir, ya que el cronista se limita a manifestar una opinión genérica sobre la concepción de sus manifestaciones espirituales, los habitantes son muy testarudos, muy firmes en sus creencias. Aportan, en cambio un dato de interés sobre un sitio de carácter sagrado, pero sólo dice que tienen una iglesia en la que hacen sus sacrificios, que podría referirse lo mismo a una montaña sagrada, o también a estas estructuras, pero sin que podamos aportar nada seguro sobre estas cuestiones.

Círculo de piedras del Barranco de Río Cabras (Fuerteventura).

Los estudios arqueológicos, en cambio, sí han confirmado las referencias de los textos arriba citados. En Lanzarote, S. Jiménez dio cuenta de estos efequenes, o recintos circulares, que denominó con el término de tagoror, palabra propia de la lengua de los guanches de Tenerife, pero que el autor hace extensiva también a esta isla. Algunos de ellos los localizó en la base Norte-Noroeste de la Montaña de Mina o Emina, en donde se encuentran al menos tres de estos recintos circulares, en una zona conocida como el Corral de la Ovejada y también como Las Majadas, en donde destaca una estructura de tendencia circular, de diez metros de diámetro, hecha con una sola hilada de piedras hincadas, en la que realizó una serie de catas, comprobando que el piso no se hallaba empedrado, por lo que no podía confundirse con una era para la trilla de cereales, considerándolo por ello un tagoror aborigen, cerca del que más tarde se documentó un enterramiento en la ladera de la montaña. Otro recinto fue localizado a unos 50m de la Quesera de los majos o de Zonzamas, formado por un círculo de piedras que también denominó tagoror. Mide unos 10,30m por 9m de diámetro, limitado por piedras de tamaño regular, relativamente juntas, dispuestas verticalmente, y con una altura media que oscila entre 70 y 80cm. En el entorno descubrió también vestigios de enterramientos que no aportaron nada importante por encontrarse en estado de ruina, aunque este dato es de gran interés, porque no sólo estaría, como el de la Montaña de Mina, en el entorno de una zona funeraria, sino que la cercana Quesera, a la que nos referimos en otro apartado, podría tener una explicación más coherente si todos estos componentes arqueológicos llegaron a formar parte del mismo ambiente cultural.

Estructuras circulares de piedra del poblado de Zonzamas (Lanzarote).

Además de los ejemplos aducidos para la isla de Lanzarote, también en la cercana de Fuerteventura se han documentado en los últimos años un conjunto singular de estas estructuras de igual morfología a las de aquélla isla, y de las que algunas, como la denominada del Corral de la Asamblea, son de grandes dimensiones. Resulta de interés señalar que un buen número de estos sitios aparecen en zonas cuyos topónimos derivan de la citada palabra fquen o efequen, que ya castellanizados se conocen como esquén, esquinzo, entre otros, en los que creemos existe una clara asociación de ambos elementos, el arqueológico y el lingüístico. La forma circular de estas estructuras se ha considerado propia de una herencia norteafricana, ya que en toda Berbería los lugares sagrados o de sacrificio a cielo abierto se rodean de recintos circulares de piedra seca, con el fin de establecer una separación con el mundo profano. Y entre sus posibles interpretaciones, cabría asociarlos con el culto a los antepasados. La descripción de Leonardo Torriani, afirmando la existencia de un ídolo antropomorfo en su interior, cuyo dibujo se reproduce en su obra, parece demostrar su consagración a divinidades menores —los ancestros—, que recibirían culto de sus respectivas fracciones o grupos de descendencia.

En los últimos años han comenzado a documentarse en las islas una serie de estructuras circulares que en la bibliografía arqueológica suelen aparecer como recintos asociados a funciones habitacionales o rediles para el ganado. La presencia generalizada de estas construcciones en todo el archipiélago, de las que muchas no parecen tener ningún destino relacionado con esas funciones que tradicionalmente se les ha atribuido, nos obliga necesariamente a reflexionar sobre sus características, emplazamientos y asociaciones arqueológicas para determinar qué otros posibles destinos pudieron haber tenido.

Es en este contexto en el que nos ha parecido oportuno llamar la atención sobre la presencia de siete estructuras de forma circular que se han documentado en la cima de la Montaña de Hogarzales (La Aldea de San Nicolás), situada a 1.065m de altitud, en donde se ha estudiado una importante mina para la extracción de obsidiana y que, al parecer, se hallan orientadas hacia el pico del Teide en Tenerife. Podrían entrar dentro de este tipo de construcciones para las que, como es obvio, no tenemos una respuesta definida. Se trata sólo de una hipótesis que proponemos a partir de la comparación con estructuras parecidas de las dos islas citadas, así como con otras de Tenerife y El Hierro, en donde se conocen también algunas, de forma más o menos circular, que reciben asimismo el nombre de tagoror, término muy usual en la toponimia al tratarse de una palabra propia de la lengua antigua de los guanches que viene a significar lugar de reunión. En el caso de Tenerife, las evidencias arqueológicas no han permitido determinar bien su morfología, por lo que se hace necesario acudir a la descripción de las fuentes etnohistóricas, entre otras, la aportada por Abreu Galindo, que consideramos la mejor documentación existente sobre estos sitios. Al parecer, su estructura la componía un anillo de piedras de tendencia circular en cuyo interior se disponían lajas en forma de asientos, reservando el lugar más destacado para el mencey —el jefe de las distintas demarcaciones políticas de la isla—, en torno al que ocupaban un sitio prominente los personajes integrantes de este órgano de gobierno, en función de la escala social que ocuparan. Los datos aportados por Abreu se complementan con los de Espinosa, quien dice que en este sitio hacían su consulta y recibía (el mencey) los pareceres de los de su consejo. Este lugar estaba delante de la puerta de su casa, en alguna llanura, y en circuito del ala redonda puestos a poco trecho unas piedras en que se asentaban el rey y sus vasallos al sol de Dios.

A pesar de la referencia tan explícita sobre estos lugares, no se hallan en Tenerife restos arquitectónicos bien contrastados para corroborar estas estructuras, ya que en lo localizado hasta el momento resulta muy dudosa su adscripción a lo referido en las fuentes, por lo que generalmente se las ha considerado estructuras de carácter habitacional, aunque a la vista de uno de estos sitios existente en Teno Alto (Buenavista), nos parece necesario revisar todos aquellos en los que se han descubierto estas estructuras porque es muy posible que pudiera tratarse de las mismas a las que se alude en las fuentes, no bien valoradas hasta el momento, a pesar de que algunas se hallan en sitios con topónimos tan reveladores, como el de Tagoror del Rey, en Tegueste, así como en otros puntos de la isla en los que se repite esta denominación. Estos sitios han sido siempre interpretados como lugar con indudables funciones sociopolíticas, pero no descartamos que las tuviera también de carácter religioso, a juzgar por lo que hemos ido conociendo en las islas de Lanzarote y Fuerteventura. Un fenómeno similar se puede plantear para otras islas como La Palma o La Gomera, en donde del mismo modo existen estos topónimos que de seguro es necesario replantear en lo sucesivo.

En cuanto a la isla de El Hierro, se conoce desde antiguo el Tagoror del Julan, conformado por un recinto cerrado con un muro de piedras hincadas, de tamaño mediano, que dibuja un espacio circular o elíptico, de unos 10m de diámetro. Este lugar ha sufrido, al parecer, progresivas transformaciones, razón por la que se ha pretendido rechazar como obra antigua, pero a la vista de otros tantos ejemplos parecidos en las otras islas, así como su presencia en un ambiente arqueológico de gran envergadura, nos parece prudente tomarlo de nuevo en consideración y valorarlo como un hecho más de esta área arqueológica del Julan, en donde existen muchas evidencias que pueden interpretarse como propias de sus manifestaciones religiosas.   Como para tantos otros casos de la arqueología canaria, aquí también hemos de plantear dudas y reservas, pero nos parece de interés dejar constancia de estas cuestiones para un mejor conocimiento en el futuro que de seguro será de gran interés, a juzgar por lo que se va conociendo sobre estos recintos en Lanzarote, y sobre todo en Fuerteventura, así como también en Tenerife, La Palma, El Hierro y Gran Canaria, en los que de seguro se podrán encontrar algunas respuestas a problemas hasta ahora muy poco definidos, aunque por ahora sostenemos que estas estructuras debieron estar relacionadas con sus manifestaciones religiosas.

PIRÁMIDES Y TORRETAS

En las fuentes literarias figuran unas pocas referencias a unas estructuras hechas de piedra, que en algunos casos son conocidas con el término de pirámides, y que Abreu Galindo asoció con lugares en donde los aborígenes realizaban fiestas o rituales a sus divinidades, especialmente los cultos lunares que celebraban los auaritas, los primitivos habitantes de La Palma, a quienes le tenían en gran veneración.

Este dato es, sin duda, de gran interés por ser de los pocos conocidos sobre los cultos lunares en las poblaciones canarias, pero sobre todo por la información tan precisa relacionada con estas celebraciones y con los sitios en donde se llevaban a cabo, al especificar que se hacían juntando:

[…] muchas piedras en un montón en pirámide, tan alto cuanto se pudiese tener la piedra suelta; y en los días que tenían situados para semejantes devociones suyas, venían todos allí, alrededor de aquel montón de piedra, y allí bailaban y cantaban endechas, y luchaban y hacían los demás ejercicios de holguras que usaban; y éstas eran sus fiestas de devoción. Pero no dejaban de entender que en el cielo había a quien se debía reverencia; y al que ellos entendían que estaba en el cielo, lo llamaban Abora.

Creemos que las citadas pirámides se corresponden con muchas de las estructuras documentadas en el Roque de los Muchachos (Garafía), junto a las que se han localizado piedras grabadas con motivos espiraliformes y circuliformes, de los que algunos de sus simbolismos pueden relacionarse con representaciones alusivas a los cultos solilunares. En La Palma se conoce un número importante de estas estructuras, de las que muchas se encuentran en el arco que circunda la Caldera de Taburiente. Son de planta circular u oval y en algún caso cuadrangular, con diámetros que oscilan entre 1,5 y 4m, y unas alturas que a veces superan 1m. La técnica constructiva más frecuente consiste en trazar el perímetro con grandes lajas verticales hincadas en el suelo, rellenando luego el interior con losas menores y con piedras pequeñas164. Estas construcciones se podrían relacionar asimismo con los amontonamientos de piedras documentados en yacimientos de Gran Canaria y de El Hierro, así como con los kerkús de los beréberes en los que también hacían sus ritos sacrificiales.

Con el término de torretas se conocen algunas construcciones de Gran Canaria, de las que se han descubierto un buen número, sobre todo concentradas en el Suroeste de la isla, en sitios como Tauro, Llanos de Gamona, Veneguera, entre otros. Estos amontonamientos son estructuras macizas, levantadas a base de sucesivas hiladas de lajas bien encajadas, de tipo cilíndrico y troncocónico, dándoles el nombre con el que se las conoce por su forma, y cuyo tamaño varía de 0’5m de diámetro hasta algo más de 1m por casi 2m de alto. De los ejemplos más significativos descubiertos en esta isla, se encuentra el yacimiento de Castillete de Tabaibales, en Mogán. Se trata de una zona amesetada en la que existen dos grandes estructuras de planta circular, que miden 4m de diámetro, rodeadas a su vez de una muralla de gran espesor hecha de lajas que en algunas zonas alcanza los 3m de altura. Junto al recinto amurallado se localizan cinco estructuras troncocónicas hechas con lajas de tendencia circular y cuadrangular, a las que se asocian 25 torretas troncocónicas. Según las investigaciones de Julio Cuenca, estas estructuras sólo pueden ser explicadas por su función religiosa, sin que se haya determinado con precisión a qué celebraciones iban destinadas.

En la Montaña de Tauro (Mogán) se han encontrado asimismo torretas troncocónicas asociadas a túmulos o cuevas sepulcrales. Pero lo más destacado es la existencia en su cima de una estructura en piedra seca, aunque muy deteriorada, que recibe la denominación de Iglesia de los canarios. Por su asociación con los otros testimonios arqueológicos encontrados en el entorno, parece tener una clara asociación con construcciones de funcionalidad religiosa, aunque a esta estructura se le ha querido relacionar también con finalidad astronómica, como marcador de los dos solsticios equinocciales.

En la Fortaleza de Chipude, en Vallehermoso (La Gomera), se documentaron algunas que podrían entrar en esta categoría, así como otras de las que nos da testimonio Juan Bethencourt Alfonso, localizadas en los alrededores de los riscos de Teguerguenche en Valle Gran Rey. Y también en esta zona, en el lugar denominado La Mérica, que él mismo comparó con las del citado yacimiento de la Fortaleza de Chipude.

Todos estos sitios están aún necesitados de un estudio de conjunto para relacionarlos con sus ritos, sus cultos solilunares y su cosmogonía, pero también para establecer la debida asociación con otros lugares sagrados como las montañas, o puntos elevados de cada una de las islas, y en su caso, con el Teide, ya que en muchas ocasiones, como en Castillete de Tabaibales, parece evidente la relación que existe entre el volcán de Tenerife y la orientación de todos estos lugares. Esperemos que sea la investigación futura la que enriquezca una información mejor contrastada de lo que podemos aportar en este momento.

LAS ARAS DE SACRIFICIO

Utilizamos el término de aras de sacrificio para referirnos a los recintos destinados a la celebración de rituales con el fin de solicitar algún beneficio a las divinidades supremas, así como a las de carácter doméstico. Esta denominación, como la de los ídolos, con la que se han venido conociendo hasta la actualidad, responde a términos convencionales acuñados desde las primeras etapas del estudio de la arqueología canaria.

Las aras de sacrificio son estructuras hechas de piedra seca, generalmente de forma cilíndrica, en donde se quemaban animales de pequeño tamaño como ofrendas, y de las que por el momento se han localizado en las tres islas más occidentales, si bien en cada caso difiere su ubicación, contexto arqueológico, morfología e incluso los hallazgos de su interior y de su entorno. Poco sabemos sobre como se harían los rituales en estos sitios, aunque es de suponer, como en otros lugares destinados a estos fines que se solicitaran beneficios a sus seres superiores. Muy poco o nada nos ha quedado en las fuentes etnohistóricas sobre estos rituales, aunque existe una referencia alusiva a los adivinos de la isla de La Gomera, en donde se dice que ofrecían el diesmo que quemaban los frutos que les dava; observaron este pronóstico, con que en la conquista de una y otra parte no hubo peligro en la vida de ninguno. Y aunque nada sabemos de lo que se contiene bajo el nombre de diezmos, queremos suponer que se alude al sacrificio de animales o a la quema de alimentos vegetales, pero no deja de ser también una hipótesis, sólo que en esta ocasión contamos con datos arqueológicos que suplen la escasez de lo recogido en aquéllas.

Estructura circular de La Fortaleza de
Chipude (Vallehermoso, La Gomera).

En La Gomera se conservan muchas de estas estructuras, ubicadas en la cima de las montañas más altas de la isla, como en el Garajonay, en donde Juan F. Navarro ha estudiado una serie de estructuras de estas características en las que ha podido documentar restos óseos quemados y muy fragmentados pertenecientes a ejemplares de cápridos jóvenes. Estas estructuras se emparentan con las aras de sacrificio de El Hierro, o con las hallados en la parte superior del Roque de Agando, confirmando de este modo las que en el siglo XIX habían sido estudiadas en la Fortaleza de Chipude (Vallehermoso), en donde se hallaron una serie de recintos en los que Juan Bethencourt documentó restos óseos de animales de pequeño tamaño que habían sido quemados, y que interpretó como sitios para la celebración de rituales, en los que encontró:

[…] trozos de huesos de cabra y de cabrito calcinados, cuchillos de piedra, al parecer de fonolita, con los que sacrificaban las reses; pedazos de carbón y de leña casi carbonizada que juzgamos son de brezo o tagasaste, y una piedra del tamaño de una naranja, redondeada por la mano del hombre y medio quemada, que ignoramos a que uso se destinaría.

A otros los denominó con el nombre de pireos:

Uno de ellos es de forma elíptica, de metro y medio de largo por noventa y cinco centímetros de ancho, orientado su eje mayor de norte a Sur, y de paredes de un metro de alto, formadas con piedras largas, gruesas, muy bien dispuestas y quemadas por el fuego; la cavidad del pireo disminuye de diámetro a medida que se aproxima al fondo, donde termina en una especie de pileta, y por el poniente está ceñido por una pared, en parte derruida y de forma semicircular, cuyos extremos mueren en el mismo borde del risco.

Por su parte, René Verneau describió La Fortaleza y las aras de sacrifico de la siguiente forma:

En una explanada que mide alrededor de un kilómetro, de Norte a Sur, y 500 metros de Este a Oeste, se encuentran recintos circulares de tres metros de diámetro interior, circunscritos por muros de piedras secas de un metro de espesor. Al lado existen otros recintos mucho más pequeños. A una corta distancia se ven montículos de piedras que ofrecen al centro una cavidad en forma de embudo. Esta cavidad contiene cenizas, carbón, madera carbonizada en parte y huesos de cabra y de cabrito, que sufrieron la acción del fuego. Seguramente se trata de un lugar sagrado, completamente comparable al de la isla de El Hierro. Los grandes recintos servirían de viviendas a los sacerdotes o a los guardianes de animales sagrados, a los que mantenían encerrados en los pequeños establos. Los montículos de piedras, con la cavidad interior, no eran otra cosa que hornos, o más bien altares de sacrificio.

En El Hierro, muchas de las aras conocidas se encuentran en la zona arqueológica de El Julan (El Pinar). Se trata de construcciones huecas, a modo de hornillos, de paredes de mampuestos, que en alguna ocasión se levantaron sobre una pequeña plataforma artificial de lajas, de volumen troncocónico y otras de forma troncopiramidal, con un diámetro en la base normalmente inferior a 2m y una altura cercana a 1m. El interior aparece relleno unas veces de tierra, otras con una losa que tapa el hueco y, a menudo colmatado de una gran masa de cenizas y huesos quemados de ovicápridos.

En Lanzarote contamos también con algunas evidencias, aunque los datos arqueológicos son aún poco significativos, ya que el único yacimiento localizado en superficie se halla en la zona del risco, cerca de la Ermita de las Nieves (Teguise), aunque de este lugar se conocen algunas otras estructuras que por su aspecto pudieran pertenecer a estos recintos para realizar también sacrificios de animales, ya que los restos óseos del entorno lo forman precisamente cápridos pequeños, cuyos huesos habían sido triturados, como hemos visto en La Gomera o El Hierro. Para esta isla contamos además con un dato de interés por su singularidad, recogido en el Catecismo incluido en la crónica francesa de Le Canarien, en donde los cronistas refieren la manera en que los judíos hacían el sacrificio del cordero, enfatizando que en este ritual no le quebraban ningún hueso. El texto al que nos referimos dice lo siguiente: los judíos [que] celebraban el sacrificio en su Pascua matando un cordero sin romperle ningún hueso, que simboliza a Nuestro Señor Jesucristo, sacrificado y muerto en la cruz por los judíos el día de su Pascua sin romperle ningún hueso. Su insistencia en contraponer cómo al cordero no se le rompía ningún hueso durante el sacrificio del ritual judaico, frente a otro en el que se desmenuzaba al animal, parece claramente una advertencia sobre las prácticas rituales de los majos —que aquéllos debieron conocer bien—, consistentes precisamente en hacer lo contrario de lo acostumbrado entre los judíos, por lo que es de suponer que, de manera indirecta, se están refiriendo a la forma en la que se llevaban a cabo sus sacrificios rituales consistentes en la muerte y la incineración de los animales.

* TEJERA GASPAR, A. (2008) Tercera parte: Arquitectura; Arte, Religión y Mitología en la Era Prehispánica (191-200); en TEJERA GASPAR, A., JIMÉNEZ GONZÁLEZ, J. J. y ALLEN HERNÁNDEZ, J. 2008: Las manifestaciones artísticas prehispánicas y su huella. Santa Cruz de Tenerife-Las Palmas de Gran Canaria, Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias.



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