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JUBA II Y SU IMPORTANCIA PARA EL CONOCIMIENTO DE CANARIAS

Juba I, rey de Numidia, se suicidó, tras su derrota  ante  Julio César en la batalla de Tapso el 46 a.C.  Ante estas circunstancias, con seis años, su hijo, Juba II, nacido en 52 a.C., creció. Fue el momento en que el reino de la Numidia se convirtió, en su mayor parte, en provincia imperial, y César, en Roma, tomó al niño Juba bajo su protección. Gracias a ello cultivó la amistad de su hijo adoptivo Octaviano, que, luego convertido en César Augusto,  prosiguió amparando al joven príncipe desheredado después del asesinato de César y que le dio una gran confianza al llevarlo a algunas de sus campañas militares más exitosas. Le otorgó, el 25 a.C., junto con las insignias de su reino, el gobierno de la Mauritania (actual Marruecos y Argelia).

Estuvo casado con Cleopatra Selene, hija de la famosa Cleopatra alejandrina y Marco Antonio.  El Reino de Mauritania termina con el reinado de su hijo Ptolomeo (23-40 d.C.),  vilmente asesinado por Calígula, según se dice, por haberse presentado ante el emperador con un manto de púrpura, una muestra de arrogancia que no pudo soportar el mandatario romano.

No sólo se entrenó para usar las armas sino para la apreciación sobre la base de sus conocimientos del libio y del púnico de los productos grecolatinos en el campo de diversas materias, entre las que destacaban el arte y la literatura. La variedad de temas tratados demuestra un amplio dominio de conocimientos tan dispares como la lingüística, historia, geografía, etnografía, botánica, mineralogía y zoología, lo cual, de nuevo, nos empuja a ampliar la consideración de aquellos autores que catalogan a Juba II simplemente como uno más de los historiadores de la literatura griega de época helenística.

En el momento en que Roma acaba con Cartago, 146 a.C., y saquea Corinto, comienza una edad de oro para la exploración de la Tierra por parte de los nuevos dueños del mundo occidental y del Próximo Oriente. Sus guerras, sus continuas expediciones de exploración y sus relaciones con los países situados en el exterior del Imperio hacen retroceder en los tres continentes los límites de las terrae incognitae. El centro del mundo se ha desplazado de Oriente a Occidente y se procede a la unificación de la cuenca mediterránea.

La política atlántica de Octavio Augusto en referencia al África atlántica evolucionó a lo largo de su reinado, ya que al principio parecía mantener de manera abierta los planes africanistas de Julio César en defensa de los fuertes intereses pesqueros y comerciales de los libio-fenicios hispanos en la citada costa, especialmente los gaditanos. En referencia a su conocimiento de las Canarias, puede conjeturarse que pudo lograrlo a través de las referencias escritas de los cartagineses, lo cual lo movería a organizar una expedición y a corregir las informaciones relativas a su número, coordenadas geográficas y características físicas.

Juba II obtuvo información de los  libros que se salvaron del primer incendio que surgió en la biblioteca de Alejandría, en los años 47-48 d.c.

 El debate acerca de cuáles pueden ser las cinco islas indicadas ha resultado estéril y lo único que puede determinarse con seguridad es que se trata de una de las primeras descripciones geográficas reales de nuestras islas, llamadas Afortunadas a partir de Plauto, 250-184 a.C. Así, en el marco de sus investigaciones sobre el Norte de África, llegamos al punto de sus conocimientos de las Islas Canarias, que sin duda entroncaban con los informes y mapas que navegantes fenicios y cartagineses debieron de confeccionar y a los que él pudo acceder gracias a su posición privilegiada y a sus influencias en el mercado de libros en la Antigüedad.

Según Plinio el Viejo, libro 36, párrafos 5-6; el rey de Numidia, Juba II, mandó una expedición a Canarias entre los años 9-19a.C. Esa expedición, después de recorrer el mar y las costas del archipiélago, tomó dos perros canarios de regalo para él.

 Debemos agradecer a Plinio que nos legase la descripción más cumplida y detallada del Archipiélago y el nombre actual de Canaria y su etimología, aunque se trata de una falsa etimología, como apunta M. Martínez Hernández (1996: 112). Luego, el nombre cobró esplendor de la mano de los cronistas del tiempo de la Conquista.

Poco se conoce, en cambio, del papel que desempeñó en la primera Historia de Canarias, ya que fue él quien mandó a realizar una expedición de carácter científico a estas Islas, a comienzos de la Era, con la que se inicia la historia primigenia del Archipiélago Canario. (Texto extraído de Alicia García, 2010).



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